Kiwi: te voy a pickear

Y ahora, como lo prometido es deuda, les voy a cont…

Pará.

No les prometí nada.

Como no les prometí nada, les comento que ahora les voy a contar un poquito como es el trabajo de juntar kiwis. No nos engañemos, se que a ustedes no les interesa y a mi tampoco, siendo sincero esto vendría a ser lo mas cercano a terapia laboral – y es gratis.

Gratis para mi, no para ustedes que van a tener que ir a terapia después de leer esto. Así que se me abrochan bien fuerte el cinturón y arrancamos.

Trabajar juntando kiwis. ¿De que se trata? Porque si hay algo que está relacionado con la experiencia de venir a Nueva Zelanda con la visa Working Holiday es el Kiwi Picking. Digamos que vine a este país con la idea de trabajar de esto, según dicen es fácil de conseguir y eso lo experimenté de primera mano, como ya les conté antes. Y también quería ver que onda, a ver que tan guapo tenes que ser para bancarla.

Trabajé para un “contractor” (el patrón) de nombre Scott. Un pibe joven, kiwi, y de entrada ya me dí cuenta que era una persona muy piola. El día que fui a la inducción, ese día que caí a la entrevista laboral inesperadamente, me dio un contrato y un puesto en su grupo. El contrato especificaba todo lo necesario para saber juntar fruta, y uno se puede imaginar que en realidad no necesitas saber nada para juntar fruta, ¿y saben qué? Tienen razón. También estaba especificado el sueldo y bonos. Nos daban al grupo 1 dolar mas por ser rápidos, otro dolar mas por ser más rápidos, y otro dolar por calidad. Si lo traducís: vamos a hacer que sientas que tu esclavitud duele un poco menos, pero para eso tenes que ser un esclavo rápido y con calidad. Con el tiempo nos daríamos cuenta que eso solo se logra trabajando en equipo, algo así como un Megazord multicultural.

El grupo estaba formado por 25 personas, hombres y mujeres de entre 20 y 30 años en su mayoría. Muchos de los integrantes abandonaron y fueron reemplazados por otros, que no sabían que acababan de tomar la peor decisión de su viaje. Y a mi gusto, también la mejor.

¿Y por que la mejor? Bueno, cuando la entrevista laboral termina con tu jefe trayendo varias cajas de birra y muchos paquetes de papitas, nada puede malir sal. Ese combo explosivo se iba a repetir varias veces, las suficientes como para que no se me cruce por la cabeza volver a Argentina como única escapatoria a esta tortura frutal.

Bueno, entonces, ¿Que les decía?

CONCENTRATE MANUEL, VOS PODES…

Si. Trabajar. Cuando arranco a trabajar me doy cuenta de que no es una rutina constante, sobre todo porque no tengo que ir a trabajar todos los días. Como les conté también, se trabaja cuando el kiwi (fruta) quiere, porque el kiwi (fruta) es puto. Como el hippie. La jornada laboral arranca – a ver si adivinan – cuando:

a) no llueve a la mañana
b) no llovió la noche anterior o llovió la noche anterior pero alcanzo a secar para la mañana
c) cuando la fruta pasa el test de madurez
d) cuando tu patrón te avisa
e) cuando el kiwi deja de ser puto
f) todas las anteriores.

Si eligieron cualquiera que no sea la “f” no leyeron mi post anterior y están desaprobados.

Entonces voy al trabajo, firmo a la hora que llego, me pongo los guantes, me cuelgo la bolsa, y arranca la cuestión. Al principio soy lento, como todo nuevo picker. Trato de tener cuidado, de no meter la pata. De no meter la pata en ninguna madriguera de conejo porque casi me rompo los tobillos unas 350 veces.

Porque soy torpe.

Las primeras semanas juntamos más que nada el kiwi gold porque salieron de la pubertad antes, maduraron primero. Hagan conmigo, no sean cagones: Levantas la mano, agarras la fruta imaginaria, y con un quiebre de muñeca de mozo, pero digno de un mozo amigo mío que trabaja en la Trattoria de Gonnet desde hace un par de siglos (si, me puedo dar el lujo de hacer un chiste interno en mi página web. Yo pagué por esto), sacás el kiwi de la planta. Sin el cabito (“stalks”, los famosos “stalks”), intentás, pero fallás. Podes sacar con el cabito largo, o con el cabito corto, y no es doble sentido porque es verdad. Saques como lo saques de la planta, le tenes que sacar el cabito porque a la bolsa tiene que llegar limpio, limpio.

Después de unos días los cabitos te aterrorizan por las noches. No es el cuco, son los “stalks”. Es un bajón, al principio por cada 3 kiwis vienen 6 cabitos y no entendés como chota vas a progresar en un ambiente tan hostil. Te sentís amenazado. Las primeras noches te levantas con las manos en el aire como lescano pero sin cumbia porque estas dormitando y soñas que juntas fruta. Las plantas te pegan en la cabeza y te dejan cicatrices en lugares que no vas a ver hasta que te quedes pelado. La basura de mierda que tienen los kiwis flota en el aire como mariposa, pero mariposa terrorista que viene en un vuelo directo hacia tus pupilas y tiene intenciones de causar heridas masivas.

Y sigo siendo torpe como mula renga.

Trabajás 10 horas por día en promedio, incluyendo dos descansos de 15 minutos y un almuerzo de media hora. Y ustedes se preguntarán (o no, muy probablemente no se preguntan un carajo, pero tengo que pretender seriedad porque ahora tengo un blog) ¿qué pasa si hay que terminar la plantación hoy y se viene la noche? ¿Te vas a tu casa y seguís mañana? Noooo, se vienen las luces, ¡y que no pare la esclavitud! El peor dia de la historia de gold kiwi picking lo sufrí cuando tuvimos que trabajar durante 14 horas seguidas. Si si, 14, juntando el fruto mismo que dejó a adán en pelotas. Y si se preguntan como es posible, en realidad los kiwis gold son manzanas gays. En el fondo, es así.

El kiwi gold se saca y se apoya en el fondo de la bolsa, porque es un kiwi muy maricón y le podes dejar heridas superficiales al instante. Y si le dejas heridas las packhouses (empaquetadoras) lo tiran porque no les cabe un choto la diversidad. Ah, y prepara la espaldita porque tenes que apoyar la bolsa en el fondo del cajón, para no machucar fruta. Y mala idea este trabajo porque las plantas miden 1.80 m y vos medís 1.85 m, y vas a estar condenado a ir en búsqueda de esos kiwis que buscan libertad en las alturas. O sino a caminar haciendo media sentadilla todo el día.

Lo lindo de todo esto es que si en tu día encontras kiwis blandos te los podes comer. Y que placer que es comer el kiwi gold. Los invito a todos a tratar de conseguirse un buen kiwi gold porque la vida no vuelve a ser la misma después de eso.

Después de un tiempo pasamos a juntar los kiwis green y oh que fiesta. El kiwi green se agarra, sale (casi) siempre sin cabito, y se revolea a la bolsa con asco. Es una fiesta. Vas al trailer y descargas la bolsa en el cajón a lo bruto. Los kiwis salen como todos juntos, los parís con fuerza, como si abrir la bolsa fuera una cesarea. Es una imagen increíble.

Cuando pasa un mes y medio automáticamente leveleas y juntas fruta a la velocidad de Fangio y con la calidad de Favaloro. Y se convierte en entrenar, sentís que te pagan para entrenar. Ya no te importa la plata, querés terminar el día como sea… pero a la vez ir rápido le da sentido a todo.

¿Y solamente juntaste fruta? Y… Si. Ya les di los números antes, pero vale entrar en detalle porque no se si les interesa, pero a mi tampoco. Terapia. Perdón si parece que me estoy quejando y que el laburo es malo. No se confundan, el trabajo no es malo, es la mierda mas grande e injusta que hay. Te rompes el orto por el mínimo y los vivos de las empaquetadoras se hacen la paja mirando fruta pasar por delante de sus vidas durante 9 horas, y ganan lo mismo o más que vos. Entendés un poco mejor por qué el mundo se está yendo tanto al carajo.

Igual no me quejo, se lo disfrutó muchísimo. Birras, y papitas. Lo bueno fue el entorno porque más allá de todo la temporada fue una fiesta. Cada vez que terminamos una plantación… ¡birras y papitas! Tuvimos una buena BBQ al principio de la temporada, porque el capataz nos vio cara de hambrientos.

Nos regaló una pata de ciervo. Nunca en mi vida había comido un ciervo recién privado de su vida.

El grupo es maravilloso, conocí personas de diversos países (Uruguay, Chile, Alemania, Estados Unidos, Francia, Japón, Lituania, España, Italia, y más) y formé amistades que no pensé posibles en un trabajo de mierda en la otra punta del mundo. Pero supongo que te une el instinto de supervivencia, y si sufrimos, sufrimos todos juntos.

Y al final de la temporada… corderito. Compró toneladas de birra, hizo un cordero magnífico, y prendimos (en realidad intentamos prender) una pila de como 10 metros de madera. Nos mamamos todos y compartimos muchas risas, amor y anécdotas entre gente que no se va a volver a ver nunca en su vida. Una experiencia magnífica.

No se que tiene que ver pero durante esos tres meses sucedieron muchísimas cosas, entre ellas:

– Nade en aguas termales públicas, y casi que tuve miedo de morir por una ameba comecerebros.
– Me agarraron dos ciclones estando en un camping, y casi que tuve miedo de morir porque nunca vi tanto viento junto. Como una barra brava eólica.
– Mi barba crece libre. La voy a dejar ser.
– Un día de lluvia venía manejando por una calle con gravilla y (lo juro por todo lo que tiene algún poder en este universo) un kiwi rodó hasta abajo del freno del auto, no pude frenar, y ahora de verdad tuve miedo de morir al casi caer en una zanja gigante.
– A los que nos quedamos toda la temporada nos regalaron… ¡una gorra! Esa gorra me hace sentir completo.
– Fui el único argentino que sobrevivió la temporada, y el único manija que no falto nunca a trabajar ni un rato durante toda la temporada. Representando al país para que después no digan que los argentinos somos vagos.

Lo que no te mata te fortalece y acá estoy, no muriendo. Y después de esto, como el ser humano es una entidad muy disconforme y me recontra re cabe sufrir, seguí laburando. Pero en la próxima les contaré un poco mas de eso.

Honestamente se me fue de las manos la historia pero creo que no me olvido de nada. Si llegaste hasta acá, gracias por la paciencia.

Bueno, esto fue “kiwi picking” para la consola Nintendo 64, y espero que les haya gustado.
Chau.

Y si llegaste hasta aca vale esta aclaración: no soy homofóbico. Ahora veo que voy a tener un paro de “ni un kiwi menos” en la puerta de mi casa y no tira nada. Uso las palabras con un sentido bastante obvio y si piensan que acaso es posible hacer alusión a la sexualidad o identidad de género de una fruta… no se, los invito a irse a un blog para gente muy sensible. O a mirar Utilísima, que seguro tiene un par de tips para irse bien despacito, pasito a pasito, suave suavecito, a la con… cha de su madre mientras tejen un sueter hermoso.