En el tambo

Y esta es la historia del chabón que se recibió de ingeniero y ordeñó vacas en el extranjero. Y acá no hay fotos porque serian todas de vacas.
De hecho googleen “VACA” y van a entender lo que vi durante 4 meses.

Primera parte: El niño que ordeñó

Ni siquiera me gasté en mentir acerca de mi experiencia laboral ya que estaba clarísimo que nunca había tocado una vaca en mi vida, pero donde hay voluntad hay un camino, así que me trago el miedo y voy al campo. Al llegar me muestran la casa y conozco a mi “flatmate”.

Uno de los motivos por los cuales quería ordeñar vacas es el ahorro: el alojamiento es gratis, vivís en el tambo por lo tanto no gastas nafta, y si no te das lujos podes ahorrar con la comida también.

Primer día de trabajo. Despertarme a las 2 a.m. Acompañar al loco en el buggy, bajo la lluvia, a mover las vacas para empezar el primer turno de ordeñe. Empezamos a ordeñar. El tambo moderno consiste de una plataforma que gira, las vacas se suben a la misma, y cuando llegan hacia donde estas vos les pones unas tetillas automáticas que las ordeñan. Al terminar se bajan de la plataforma. Bastante sencillo. Entonces vienen las primeras vacas y miro a mi compañero para entender como se hace: con una mano agarras la base de las tetillas y con la otra pones una por una.
Todo esto en 1.5 segundos.

Para no quedar mal y no parecer un inútil le meto toda la garra del mundo. Botón, vaca, tetillas, próxima vaca.

Botón.

Vaca.

Tetillas.

Próxima vaca.

Mi cerebro dio de baja a toda función motriz que no colaborara con la causa, y cuando terminamos el primer turno de vacas nadie vino a decirme que era lo próximo que tenía que hacer. Como el soldado no debe abandonar la posición me quede ordeñando el próximo grupo de vacas con otro compañero.

Y después de ese, otro más.

Y otro más.

Después de 1600 vacas se termina el primer día. No entendía nada, mi cabeza pensaba en ordeñar y mis manos se seguían moviendo solas. Al día siguiente con un dolor de hombros indescriptible, volvemos a ordeñar. Y así sucesivamente, todos los días.

De alguna forma me gané el respeto de la banda, el pibe flaquito de ciudad que vino a ordeñar vacas y la rompe. Que, si somos sinceros, no estaba haciendo nada descomunal, solamente me esforzaba todos los días (cosa que no experimentan con los trabajadores temporales, según me contaron).

El día 2 me ofrecieron trabajo permanente. Bajo la frase “en 20 años nunca vi a nadie que nunca haya ordeñado y el primer día ordeñe como vos” me di el gusto de creérmela un poco. Porque sí, porque puedo. Y al estar solo en el campo con la función de trabajar y ahorrar mi autoestima no puede bajar.

El día 6 tuve que ayudar a pesar terneros para ver si los llevan al matadero o no, y la gente que vino a hacer el trabajo pensaba que había nacido en un tambo. Me dijeron que tengo el “cow sense”, el “sentido vacuno”. Como para decirle a Marvel, y que cuente las vivencias del hombre vaca.

Todo bien hasta ahora, la vengo rompiendo como nunca. Me planteo si estudiar fue al pedo ya que podes venir a un país primermundista y romperte el culo en un campo, ahorrar buena plata, y vivir. Porque si vivir es el objetivo hay muchas maneras de lograrlo.

Pero una cagada grande me tenía que mandar.

Parte 2: el lisiado.

Alrededor del día 20 sigo la rutina. Tengo que ir a buscar las vacas. Me subo al cuatri, y voy. Y las vacas actuaban raro, no iban para donde yo quería. Las muevo para la derecha, subo la colina, y empiezan a ir para la izquierda. La segunda vez, lo mismo. La tercera vez voy para la derecha y veo que empiezan a ir para la izquierda. Al grito de “¡vacas de mierda!” acelero el cuatri con todo, hacia la izquierda, y me escupe para el costado. Rueda, y me aplasta la gamba.

¡Vamos Manu carajo!

Como no me podía mover apago el cuatri, agarro el celu y llamo a alguien para que me venga a “rescatar”. Y cuando vienen me ven ahí tirado y pensaban que me había muerto o algo. Lo primero que le dije al jefe es “perdón por volcar el cuatri” así que muy mal no estaba, y como evidentemente no morí nadie se preocupó mucho. Ni siquiera querían que vaya al hospital pero claramente iba a ir.

Me subo al auto y voy manejando con el pie izquierdo hasta el hospital, cosa que no hay que hacer obviamente pero la hice igual. Después de estacionar el auto dos mujeres que me ven a los saltos me suben a su auto y me llevan hasta la puerta, y me buscan una silla de ruedas.

Que situación humillante.

Una vez adentro voy rodando a ver al médico, riéndome de toda la situación, y pensaban que los estaba boludeando.
“Mira que vas a volcar un cuatri y te vas a reir” pensarán, ya que sí el accidente fue laboral me lo cubre todo la ART, y hay mucha gente que se hace la boluda para no pagar. Debe ser la adrenalina o algo, pero el dolor me daba risa, y me reí. Mucho. Les doy los datos mientras pongo la mejor cara de “todo esto me pasó por pelotudo” y los logro convencer cuando les muestro lo hinchada que estaba la pierna, y al instante me hacen radiografías.

Recuerdan que yo estaba trabajando, ¿no? ¿Cuál es tu fragancia si trabajás en un tambo? ¡Bosta, si señor! Imagínense la cara de la radióloga teniendo que acercarse a un ciruja en silla de ruedas con olor a bosta. Todo mal.

La doctora a cargo me revisa la gamba y me dice de una “te fracturaste”. Se pone a revisar las radiografías durante 15 minutos con cara de preocupación, pero la cara era en realidad de “no hay fractura y no se por qué”. Y no, no hubo fractura. Zafamo.

3: El retorno

Vuelvo al tambo, me tomo 1 semana de reposo, no puedo caminar.

2 semanas de reposo.

Y ya no aguantaba más el estar sentado en el sillón. Quería laburar. Me sentía culpable de que mis compañeros tengan que hacer trabajo extra porque un pelotudo volcó un cuatri. Así que después de dos semanas e ignorando toda recomendación médica, agarro las muletas, me pongo botas grandes, y voy a trabajar igual.
Y les demostré el poder de un cabeza dura, porque hice todo el trabajo que hacían todos, ¡pero en muletas! Al principio no me querían ni ver, y después no entendían como era posible. Caminando entre las vacas, en muletas. Ordeñando, en muletas. Poniendo cercas, en muletas.
Me habrán dicho que estoy loco, que no entendían por qué o cómo hacía lo que hacía. “Yo acá vine a trabajar” siempre me pareció la respuesta apropiada.

Después de 1 mes de tratamiento ya puedo volver a caminar un poco. Esa misma tarde voy de compras, pero la tarjeta no estaba de mi lado. Al pasarla por el lector, decía “no funds”, NO GUITA. Como será posible eso. Me fijo en internet, y…

IV: Me chorearon todo

¡La cuenta esta vacía!

Voy volando al banco a ver qué pasó y evidentemente alguien agarró los datos de mi tarjeta y se puso a hacer compras por internet. Bronca, ira, y muchas sensaciones más. ¿La peor sensación de todas? Sé quién me afanó todo.

¿Hago la denuncia? No, es al pedo, me voy a meter en quilombos y no tengo ninguna seguridad acá. Sobre todo no puedo volver a casa, no puedo irme ni a la esquina porque no tengo plata. Sí, porque me chorearon. Bajón.

Para resumir: fueron unas amigas de mi compañero de casa que andaban en movidas turbias, que vinieron a visitarlo durante una semana y se ve que aprovecharon para afanarse cosas de la casa, como un parlante de otro loco que vivía ahí, una navaja mía, los datos de la tarjeta, y anda a saber que más que no nos enteramos.
Mi compañero de casa no era un nene de pecho tampoco, habiendo estado preso 3 veces. Son esas situaciones en las que estás seguro que ir a la policía no es la mejor opción. Igual después de unos días lo encaro al loco y le digo como son las cosas y lo que paso, y que si tuvo algo que ver que me lo diga ahí nomás. Pone la mejora cara de “no tenía idea” y listo, no presiono más la cuestión.

Bajé la guardia, Nueva Zelanda es tan seguro que me olvidé que hijos de puta hay en todos lados.

Después de un tiempo el loco viene a mi casa a ofrecerme algo de plata por el problema, como haciéndose cargo. Esto hizo que se gane un poco mi respeto, y le digo que se quede la plata porque el banco estaba haciendo lo suyo. No creo que tenga sentido ponerme a chorear porque me chorearon a mi.

El chabón alto sorete igual, vivía conmigo pero lo mudaron a otra casa, adivinen por qué:

a) Sus amigas nos robaron todo
b) Le pego a un compañero en la cara
c) Insulto a la jefa
d) Volvió a caer en la droga mala
e) Todas las anteriores

Son cosas que deberían hacerte echar, pero en NZ no porque somos kiwis y somos todos amigos.

cinco: El fin

La historia tiene un final feliz, después de un tiempo y de a poco el banco hizo su trabajo y me devolvieron toda la plata, cada centavo afanado. Otra gran prueba de que la burocracia acá funciona de verdad.
Y después de un tiempo termino la rehabilitación, vuelvo a trabajar como corresponde, tengo toda mi plata otra vez, al loco lo echan. Y eventualmente llega fin de enero y me escapo del campo, un lugar que me dejo muchas alegrías pero que me dio muchas malas, al punto de sacarme todas las ganas de seguir viajando. Entre el accidente y el robo no tenía otro deseo que tomarme el primer avión a casa.

Pero seguí viajando.